Manifesta 16 utiliza doce iglesias desocupadas de Duisburgo, Essen, Gelsenkirchen y Bochum como sedes culturales.

El programa presta especial atención al patrimonio religioso de posguerra que pierde su uso antes de ser reconocido como histórico.

St. Bonifatius, en Gelsenkirchen, ya había sido transformada en lugar de encuentro y ahora funciona como jardín de té y espacio expositivo.

El reto no consiste solo en llenar templos durante unos meses. Cada edificio necesita un programa vecinal, educativo, deportivo o cultural capaz de sostener actividad y mantenimiento después del evento.

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La pregunta

¿Qué ocurre con una sede cultural cuando termina la bienal?

Solo tendrá una segunda vida si existe una comunidad, un programa y un presupuesto posteriores. El evento puede activar el edificio, pero no sustituye una estructura permanente de uso y cuidado.