Cuando el incendio de Palisades destruyó el campus de Village School, el problema dejó de ser proyectar una escuela ideal. Había que devolver un lugar cotidiano a unos 300 niños de educación infantil y primaria mientras sus familias atravesaban una emergencia.

OFFICEUNTITLED trabajó con el colegio, BXP y la ciudad de Santa Mónica para convertir una planta vacía del Colorado Center en un campus provisional. La primera ocupación se resolvió en menos de tres semanas —el estudio habla de diez días laborables— mediante mobiliario, divisiones y comprobaciones esenciales. La transformación completa continuó durante el verano de 2025.

El edificio ofrecía 65.000 pies cuadrados, luz natural y acceso a un parque de 3,5 acres. También procedía de otro mundo: una planta abierta pensada para trabajadores adultos, no para niños que necesitan orientación, protección, acústica, movimiento y lugares donde una comunidad pueda reconocerse.

El proyecto dividió el campus en dos vecindarios, uno para los cursos menores y otro para los mayores. Los recorridos se convirtieron en bulevares; colores y fragmentos del logotipo del colegio ayudan a orientarse. La biblioteca, el laboratorio, las artes y los espacios de reunión completan una organización que intenta evitar la sensación de oficina ocupada de manera accidental.

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Las restricciones produjeron decisiones precisas. Los tabiques de altura parcial mantienen la luz y permiten conservar gran parte de las instalaciones existentes. Las mamparas de vidrio desmontables tienen medidas repetidas para poder retirarse y reutilizarse cuando el colegio vuelva a su campus permanente. La moqueta y otros acabados de oficina permanecieron donde todavía funcionaban.

La velocidad, sin embargo, no elimina seguridad, accesibilidad, ventilación, evacuación, acústica ni control de accesos. Solo obliga a separar lo imprescindible para abrir de aquello que puede perfeccionarse después. Esa secuencia necesita administraciones capaces de revisar con rapidez sin tratar la emergencia como permiso para improvisar.

Village School no fue un caso aislado. Cinco centros desplazados por el incendio llegaron a ocupar más de 200.000 pies cuadrados de oficinas y comercio en Santa Mónica. La crisis encontró una reserva espacial producida por años de cambios laborales y vacancia inmobiliaria.

No toda oficina puede ser escuela. Importan profundidad, ventanas, salidas, aseos, estructura, ruido exterior, espacios de juego y relación con las familias. Precisamente por eso las ciudades podrían inventariar edificios adaptables antes de necesitarlos, en lugar de empezar a buscarlos cuando el incendio ya ha ocurrido.

Para arquitectos, el caso cambia la definición de resiliencia. No consiste únicamente en levantar edificios que resistan. También en diseñar elementos que puedan desmontarse, normas que permitan cambios temporales y sistemas de información que revelen dónde existe superficie capaz de recibir otra vida.

El hecho verificable es concreto: una planta de oficinas se convirtió en campus y el colegio conserva el programa académico mientras prepara su regreso a Palisades. La lectura editorial empieza después: el espacio vacío puede ser una carga inmobiliaria o una reserva pública; la diferencia depende de si alguien conoce sus capacidades y sabe activarlas a tiempo.

La pregunta

¿Deberían las ciudades tratar sus edificios vacíos como parte de la infraestructura para emergencias?

Sí, mediante inventarios previos de superficie, luz, accesos, instalaciones y usos compatibles. No significa convertir cualquier oficina en escuela, sino saber qué edificios pueden cambiar de función y qué mejoras necesitarían antes de que una emergencia obligue a decidir en días.