Una familia pidió rehabilitar y ampliar su antigua granja belga como casa de verano para varias generaciones, con posibilidad de estancia prolongada para la matriarca. Studio Okami conserva las construcciones por su valor afectivo en lugar de sustituirlas por un volumen único.

Los edificios existentes alojan dormitorios, baños, oficina y sala de televisión. Las funciones más íntimas aprovechan recintos pequeños donde los muros y las huellas anteriores pueden permanecer.

La nueva pieza reúne cocina, comedor, conversación y chimenea bajo un espacio amplio. Una fachada de arcos de ladrillo abre la sala hacia el paisaje y permite que funcione más permeable en verano y recogida en invierno.

La isla de cocina organiza dos ambientes sin levantar particiones: uno para comer, jugar o ver televisión; otro para leer y descansar junto al fuego. La distribución admite actividades simultáneas de edades diferentes.

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La ampliación no reconstruye la granja como falso pasado. Coloca una arquitectura claramente nueva junto a la ruina y reparte el programa según la capacidad espacial de cada parte.