TANAT y Rizoma del Agua construyeron una fuente de captación pluvial de 358 m² en el Deportivo Las Flores de Chimalhuacán. El proyecto parte de una ciudad donde el agua potable suele llegar mediante pipas, garrafones, depósitos domésticos y una economía cotidiana de almacenamiento.

La lluvia cae sobre una superficie que también funciona como lugar de estancia. Después atraviesa capas de grava y arena, llega a una cisterna subterránea, pasa por filtración y vuelve a subir mediante una bomba hasta un grifo de uso público.

La instalación se inserta en un deportivo administrado por la comunidad, junto a ligas de futbol y redes vecinales que ya sostienen mantenimiento y confianza. Esa elección es tan importante como el dispositivo técnico: la infraestructura llega a un lugar con vida social, responsables concretos y uso diario.

El proyecto no pretende reemplazar la red municipal ni presentar la captación pluvial como solución total. Reúne solo una fracción del agua disponible, pero hace visible un proceso normalmente oculto y devuelve parte de su gestión a un espacio compartido.

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Para arquitectos y urbanistas, la pregunta no es únicamente cuántos litros puede almacenar una cisterna. También importa quién limpia los filtros, cómo se comunica la calidad del agua y si el dispositivo sigue siendo comprensible cuando deja de ser novedad.

La pregunta

¿Cuándo una infraestructura de agua se convierte en arquitectura pública?

Cuando su funcionamiento puede leerse, usarse y mantenerse colectivamente. Aquí captar, filtrar y beber forman parte de una misma experiencia espacial.