Una imagen generada puede parecer una fotografía. Una voz sintética puede parecer una persona. Un chatbot puede responder como si existiera alguien al otro lado.
Desde el 2 de agosto de 2026, en Europa ya no debería depender exclusivamente del usuario descubrir la diferencia.
Las obligaciones de transparencia del artículo 50 del AI Act han comenzado a aplicarse. Cuando la naturaleza artificial de un contenido o una interacción puede afectar la confianza, debe hacerse visible.
La aplicación será más compleja que el principio. Decir «hecho con IA» puede ayudar a interpretar una imagen, pero también puede convertirse en otro aviso automático que aceptamos sin leer.
PublicidadARQUITHEAArquitectura para mirar mejorIdeas, obras y herramientas para entender la ciudad desde preguntas reales.Sigue @arquithea_ ↗El AI Act entró en vigor en agosto de 2024 mediante un calendario progresivo. Las prácticas consideradas inaceptables comenzaron a prohibirse en febrero de 2025 y las obligaciones para modelos de propósito general llegaron en agosto de ese mismo año.
Ahora entran en aplicación las reglas de transparencia para determinados sistemas y contenidos. No significa que todas las obligaciones europeas comiencen simultáneamente: algunos sistemas de alto riesgo y productos regulados conservan plazos posteriores.
Cuando una persona interactúa directamente con un sistema que pueda confundirse con un humano, debe recibir información suficiente para saber que se trata de una máquina.
Los proveedores de herramientas generativas deben incorporar marcas legibles por máquina que permitan detectar contenido sintético o materialmente manipulado.
Quienes despliegan esos sistemas deben informar al público ante deepfakes, sistemas de reconocimiento emocional o categorización biométrica y ciertos textos generados para asuntos de interés general sin revisión ni responsabilidad editorial humana.
La transparencia tiene dos capas. La primera es visible: un texto junto a una imagen, una advertencia al iniciar una conversación o una indicación dentro de un vídeo.
La segunda es técnica. Una señal integrada en el archivo, sus metadatos o su estructura puede permitir que plataformas y herramientas de verificación identifiquen el origen incluso después de compartir el contenido.
Ninguna capa funciona perfectamente por separado. Una etiqueta puede recortarse; los metadatos pueden desaparecer al capturar o recomprimir; una marca demasiado discreta no informa y una demasiado dominante puede inutilizar la pieza.
Además, «generado con IA» agrupa procesos muy diferentes. No es lo mismo producir una imagen completa desde una instrucción que eliminar un cable, ampliar la resolución o corregir el ruido de una grabación.
Para un estudio de arquitectura tampoco es equivalente imaginar una atmósfera que presentar como técnicamente verificado un edificio que todavía no ha sido calculado.
La información útil debería explicar el grado de intervención. Una convención sencilla podría diferenciar entre contenido generado, contenido materialmente modificado y contenido asistido mediante operaciones que no alteran su significado.
En arquitectura, un render podría indicar qué parte procede del modelo geométrico, qué elementos fueron añadidos mediante generación y qué condiciones no han sido verificadas.
PublicidadARQUITHEALa arquitectura no termina en la formaTerritorio, sistemas, materia y experiencia explicados de manera visual.Descubre Arquithea ↗En periodismo, una imagen sintética no debería recibir el mismo tratamiento que una fotografía documental. En publicidad, una persona, producto o lugar generados necesitan una divulgación que sobreviva cuando la pieza abandona la plataforma original.
Estudios y agencias tendrán que inventariar dónde utilizan IA: chatbots, imágenes, voces, traducciones, redacción o atención al cliente. Sin ese mapa interno es imposible decidir qué debe etiquetarse.
La procedencia deberá conservarse desde la generación hasta la publicación. Si un archivo pasa por varias aplicaciones y profesionales, la información sobre su origen no puede depender de que alguien la recuerde al final.
La nueva obligación también cambia la relación con los clientes. Reconocer una intervención artificial no reduce necesariamente la calidad de una pieza; ocultarla puede producir un riesgo legal y reputacional mayor.
Para THEA, la regla editorial será clara: una imagen generada o modificada materialmente mediante IA debe indicarlo en el crédito. Una visualización de un proyecto no construido tampoco puede presentarse como si documentara un edificio existente.
La calidad del sistema no se medirá por cuántas etiquetas aparecen, sino por si una persona puede distinguir documentación, edición, simulación y ficción sin conocimientos técnicos.
El dato. las obligaciones de transparencia del artículo 50 del AI Act se aplican desde el 2 de agosto de 2026, con un periodo limitado hasta diciembre para determinadas marcas técnicas en sistemas que ya estaban en el mercado.
¿Qué cambia realmente con esta tecnología?
identificar la IA es necesario, pero la utilidad no reside en colocar tres letras junto a cualquier archivo. Reside en explicar qué parte procede de una máquina y qué responsabilidad conserva quien decidió publicarlo.
Una buena etiqueta no dice solamente que intervino una IA. Nos permite saber cuánto de la realidad continúa dentro de la imagen.
Crédito de imagen: banderas de la Unión Europea ante el edificio Berlaymont, Thijs ter Haar/Wikimedia Commons, CC BY 2.0. Archivo original de 4.608 × 3.456 px.
