Office for Future transformará una antigua escuela de Stavyshche, Ucrania, en 42 departamentos para familias desplazadas. El proyecto, llamado Dvir —The Shared Courtyard— reúne reutilización adaptativa, construcción nueva en madera, mejoras energéticas y una intervención de paisaje.

La propuesta parte de una pregunta especialmente sensible en un contexto de guerra: cómo producir vivienda con rapidez sin borrar los lugares que ya sostienen la memoria de una comunidad. En vez de demoler la escuela, el estudio utiliza su presencia física y social como punto de partida.

Las viviendas se organizan como una microcomunidad alrededor de un patio compartido. Los espacios interiores comunes ofrecen lugares de encuentro entre residentes, mientras que algunas actividades públicas mantienen el vínculo entre el antiguo equipamiento y el resto de la localidad.

La operación combina dos tiempos constructivos. La estructura existente aporta masa, superficie y reconocimiento; las piezas nuevas de madera permiten completar el programa con un sistema más ligero y potencialmente más rápido de ejecutar.

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La mejora energética resulta esencial porque el éxito del proyecto no se mide solo por el número de unidades. Una vivienda de emergencia que exige costos elevados de calefacción puede trasladar la vulnerabilidad desde el acceso inicial hacia el mantenimiento cotidiano.

El patio actúa como infraestructura social. No es un vacío decorativo, sino un ámbito intermedio donde niños y adultos pueden coincidir, apoyarse y reconstruir rutinas después del desplazamiento.

El proyecto evita presentar la vivienda para desplazados como un campamento aislado. Al conservar la relación con Stavyshche, plantea que la integración depende también de proximidad a servicios, transporte, educación y redes vecinales.

La arquitectura deberá equilibrar privacidad y comunidad. Las áreas compartidas pueden reducir el aislamiento, pero las familias también necesitan espacios propios, acústicamente protegidos y capaces de adaptarse a composiciones domésticas diferentes.

El valor de la intervención está en tratar el edificio previo como un recurso material y cultural. Reutilizar reduce demoliciones y puede acortar procesos, aunque exige estudiar con precisión estructura, envolvente e instalaciones.

Dvir propone una forma de reconstrucción que no espera al final del conflicto para comenzar. Su prueba real será si las 42 viviendas pueden ofrecer estabilidad, dignidad y pertenencia sin convertir una solución urgente en una arquitectura provisional permanente.