La casa había comenzado como bodega y fue habitada mediante reparaciones urgentes. Sus muros de bloque permanecían fríos y húmedos, el interior apenas recibía luz y la pesada cubierta de teja estaba cerca del colapso.
Con un presupuesto limitado, La Cabina de la Curiosidad decidió conservar la infraestructura existente y actuar sobre el techo. Una nueva estructura de postes de eucalipto, lámina metálica, fibra de coco y caña partida reduce peso y gana altura.
Ese volumen adicional permite suspender dos dormitorios —los “nidos”— de las vigas existentes. La planta baja queda más libre para el estudio, la cocina y la vida común, sin ampliar la huella de 105 m².
Dos fachadas de vidrio abren la vivienda hacia el árbol de cholán, los cultivos y las montañas. En la base, drenajes comparados por el estudio con “botas de caucho” combaten la humedad; también se incorpora tratamiento de aguas grises y refuerzo de los muros.
PublicidadARQUITHEAArquitectura para mirar mejorIdeas, obras y herramientas para entender la ciudad desde preguntas reales.Sigue @arquithea_ ↗Vigas y tablas retiradas del techo se convierten en un nuevo subpiso. La reforma demuestra que la reutilización más potente no siempre consiste en conservar cada pieza en su lugar, sino en identificar qué puede asumir otra función dentro del mismo edificio.
