Casa Florinda ocupa un pequeño promontorio entre dos corrientes que aparecen durante la temporada de lluvias en Loja. La vivienda existente había perdido partes de su cubierta, pero su ubicación y sus gruesos muros de tierra conservaban una información territorial difícil de sustituir.

Alvariño y Felipe Arquitectos reparan la envolvente y reutilizan las tejas recuperables. La intervención mantiene expuesta la tierra, de modo que sus huellas no desaparecen tras una reconstrucción que finja antigüedad.

Los nuevos entrepisos se resuelven en seco con una estructura ligera de acero. Reducir peso y humedad durante la obra protege los muros originales y permite distinguir los elementos añadidos.

Un volumen posterior para baño y lavandería permanece más bajo y estrecho que la casa. La ampliación presta servicios sin competir con la silueta principal ni alterar la lectura de la cubierta.

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El proyecto recuerda que el conocimiento climático puede estar incorporado en una ruina: cota, orientación, espesor y aleros son datos construidos. Antes de reemplazarlos conviene preguntar qué problemas ya habían aprendido a resolver.

La pregunta

¿Cuál es el primer documento de una rehabilitación rural?

El propio edificio y su terreno. Marcas de agua, reparaciones, deformaciones y recorridos cotidianos aportan información que un levantamiento geométrico no contiene por sí solo.