El terremoto de magnitud 6,2 que golpeó el centro de Italia en agosto de 2016 dejó 303 muertos. Amatrice concentró 237 de esas víctimas y perdió buena parte de su tejido construido.

A pocos días del décimo aniversario, la reconstrucción sigue lejos de terminar. Reuters informa de que solo el 38% de los inmuebles dañados en Amatrice ha sido restaurado.

Alrededor de mil personas, aproximadamente el 60% de la población local, continúan viviendo en alojamientos prefabricados. Lo que fue una respuesta temporal se ha convertido en una condición urbana prolongada.

En el conjunto de la zona afectada se han aprobado proyectos por 22.700 millones de euros, pero se han desembolsado alrededor de 10.000 millones. La diferencia entre financiación autorizada, obra contratada y edificio entregado explica parte de la lentitud.

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Reconstruir un centro histórico no equivale a levantar viviendas sobre una parcela vacía. Hay que consolidar suelos, resolver propiedad fragmentada, coordinar patrimonio, actualizar normas sísmicas y restituir calles, comercios y servicios a la vez.

La voluntad de recuperar fachadas y volúmenes anteriores al terremoto protege una memoria reconocible. También puede añadir tiempo, coste y complejidad a cada expediente.

El alcalde ha reconocido que quizá habría preferido un rediseño moderno frente a una reproducción casi literal. La frase revela el conflicto central: conservar la imagen de la ciudad puede retrasar el regreso de quienes le daban vida.

La arquitectura sísmica suele medirse por cómo evita un colapso. Amatrice obliga a ampliar la pregunta: una reconstrucción también debe medir cuánto tarda en devolver vivienda estable, comercio, escuela y comunidad.

El dato. el 38% de los inmuebles dañados de Amatrice ha sido restaurado y unas mil personas siguen en alojamientos prefabricados. Las cifras de inversión corresponden al conjunto del territorio afectado, no únicamente al municipio.

La pregunta

¿Debe una ciudad reconstruida parecerse exactamente a la que perdió?

La memoria no depende de copiar cada volumen. Puede conservarse mediante trazas, materiales y lugares colectivos mientras la nueva arquitectura mejora seguridad y habitabilidad. El criterio decisivo debería ser recuperar una comunidad, no solo una fotografía.