Villa San Isidro parte de una parcela forestal en Quito y de un principio declarado por sus autores: equilibrar edificio, paisaje y vida doméstica.

Los volúmenes se acomodan entre la vegetación y abren las áreas principales hacia el bosque, mientras materiales y cubiertas construyen una presencia contenida.

Su interés reside en cómo la casa negocia escala, privacidad y apertura sin convertir el entorno natural en un simple telón de fondo.