Un nuevo recorrido por diez universidades brasileñas revisa cómo patios, corredores y espacios al aire libre se convierten en lugares de aprendizaje.
La selección cuestiona el aula cerrada como única unidad de enseñanza y muestra edificios donde el encuentro informal forma parte del programa.
El patio no es un vacío sobrante. Puede aportar sombra, ventilación, orientación y una escala compartida dentro de campus extensos.
En ciudades de clima cálido, esa condición exterior permite además reducir la distancia entre arquitectura, paisaje y vida cotidiana.
PublicidadARQUITHEAArquitectura para mirar mejorIdeas, obras y herramientas para entender la ciudad desde preguntas reales.Sigue @arquithea_ ↗La lección es útil más allá de Brasil: la calidad educativa también se construye en las transiciones entre clase, descanso y comunidad.
