Tetro Arquitetura implantó la casa sobre una pendiente pronunciada de Itacaré, con vistas amplias hacia el mar y los palmares. En lugar de concentrar el programa bajo una sola cubierta, cuatro bloques se acomodan a diferentes niveles.

Los dormitorios de invitados ocupan dos piezas, la suite principal se reserva en la cota alta y el volumen social conecta cocina, comedor, piscina y estancia. Para pasar entre ellos hay que recorrer pasarelas, escaleras y jardín.

Una cubierta de vidrio filtrada por varas de biriba protege la zona común; las cubiertas plantadas disminuyen la presencia de los dormitorios vistos desde arriba. Muros rosados acercan el color construido al suelo.

La experiencia intensifica el contacto con el clima, pero también exige una lectura inclusiva: lluvia, pendientes, equipaje y movilidad reducida deben resolverse si el paseo exterior quiere ser una ventaja y no una barrera.

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La pregunta

¿Cuándo un recorrido exterior mejora una vivienda?

Cuando el clima permite usarlo con protección, las distancias siguen siendo razonables y existe una alternativa accesible. El paisaje puede formar parte del programa sin convertir cada traslado en una dificultad.