ARCHWASTE transforma un local irregular de 60 m² en una oficina que conserva estructura expuesta, marcas de obra y componentes provisionales.

El espacio se plantea como una instalación cambiante, capaz de ajustarse a los proyectos y materiales que pasan por el estudio.

La ausencia de acabados definitivos no implica falta de diseño. Mobiliario, almacenamiento e instalaciones visibles necesitan mayor precisión para seguir siendo modificables.

Reducir capas permanentes disminuye obra y permite reparar o sustituir componentes sin demoler aquello que los oculta.

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La oficina utiliza la apariencia de construcción como consecuencia de un sistema abierto, no como decoración industrial añadida.

La pregunta

¿Dejar una oficina sin terminar siempre es ahorrar?

No. Funciona cuando lo visible está coordinado, es seguro y puede cambiarse. Sin ese control, lo provisional solo traslada problemas al uso.