KUSKA —palabra quechua que significa «juntos»— nació como residencia principal para una escritora y un artesano que buscaban abandonar el entorno urbano y, al mismo tiempo, recibir familiares, amigos y artistas.
Taller MACAA organiza 400 m² para equilibrar vida privada, trabajo y hospitalidad. El programa evita separar la casa de su dimensión productiva y cultural.
Los espacios comunes admiten actividades colectivas, mientras dormitorios y ámbitos de trabajo mantienen grados de retiro. La relación con el paisaje andino guía orientación, luz y materialidad.
El proyecto interesa porque trata la residencia artística como parte de la casa, no como pabellón añadido: convivencia y creación comparten infraestructura sin borrar la necesidad de intimidad.
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