En un pequeño pueblo de la costa mediterránea del norte de España, NOMO STUDIO completó Pinewood Houses: dos viviendas unifamiliares que comparten una parcela arbolada próxima a la playa. El proyecto, publicado el 11 de octubre, reúne 200 metros cuadrados construidos y parte de una condición delicada: introducir dos casas en un pinar sin convertir una en el fondo de la otra ni borrar la profundidad del lugar.
La decisión principal no está en una fachada aislada, sino en la implantación. Las dos piezas se disponen de manera intercalada para evitar obstrucciones mutuas. Esa relación permite que cada vivienda conserve vistas largas entre los troncos, reciba aire y luz y mantenga una lectura independiente dentro del mismo terreno.
La clave. al separar y desplazar los volúmenes, el espacio libre deja de ser un residuo entre edificios. Se convierte en la infraestructura que organiza privacidad, recorridos y relación con el paisaje. La arquitectura trabaja con la distancia y con los ángulos de visión antes que con una barrera continua.
El pinar y la proximidad del mar añaden otra exigencia. Sombra, humedad, viento y vegetación cambian durante el año; por eso la casa no puede tratar el exterior como una única postal. La implantación necesita admitir orientación, ventilación y transiciones entre zonas abiertas y protegidas.
PublicidadARQUITHEAArquitectura para mirar mejorIdeas, obras y herramientas para entender la ciudad desde preguntas reales.Sigue @arquithea_ ↗Por qué importa. la duplicación de vivienda en una misma parcela suele resolverse mediante simetría o subdivisiones rígidas. Pinewood Houses plantea una alternativa: compartir suelo no obliga a repetir objetos idénticos ni a levantar fronteras visuales, siempre que la posición de cada pieza se piense como parte de un sistema común.
La operación también plantea una responsabilidad. Insertarse entre pinos requiere cuidar raíces, drenaje, mantenimiento y prevención frente al fuego; conservar árboles no se limita a dejarlos dibujados en el plano. El desempeño real dependerá de cómo la obra y el uso cotidiano sostengan esa coexistencia.
En cifras. el conjunto suma 200 m² y contiene dos hogares. Esa escala relativamente contenida refuerza el peso de la implantación: cada metro de separación, cada giro y cada visual tienen más efecto que una ampliación indiscriminada de superficie.
El proyecto deja una lección directa para la vivienda costera: el valor de una parcela arbolada no se preserva escondiendo la arquitectura, sino haciendo que las decisiones de posición, acceso y mirada mantengan legible el bosque. Aquí, la casa principal es el intervalo que permite respirar a las dos.
