ArchDaily anunció las veinte prácticas ganadoras de los Next Practices Awards 2026. La selección no intenta ordenar los estudios por tamaño ni premiar una estética común: observa cómo amplían la capacidad de la arquitectura para intervenir en condiciones sociales, ambientales y productivas concretas.
La lista atraviesa dieciocho países y reúne oficinas como ACTA, AD—WO, AGENCIA TPBA, Arctic Design Group, Atelier Guo, Balsa Crosetto Piazzi, CLUSTER, Craft Narrative, EVA Studio, MANUFACTURA y RAMA Estudio, entre otras.
La apertura: buena parte de estas prácticas trabaja lejos del encargo convencional de autor. Aparecen territorios rurales, climas extremos, reconstrucción, capacitación local, investigación material y procesos en los que diseñar también significa organizar recursos.
La clave no es que el edificio desaparezca, sino que deja de ser la única unidad de medida. Una práctica puede producir protocolos, redes de fabricación, sistemas de participación o conocimiento técnico capaz de replicarse en otros lugares.
PublicidadARQUITHEAArquitectura para mirar mejorIdeas, obras y herramientas para entender la ciudad desde preguntas reales.Sigue @arquithea_ ↗El jurado combinó la perspectiva editorial de ArchDaily con especialistas externos. El resultado propone una cartografía de estudios emergentes y no una predicción cerrada sobre quién dominará la profesión.
Por qué importa. las crisis de vivienda, clima y desigualdad exigen decisiones que una oficina no puede resolver aislada. Los seleccionados muestran alianzas con comunidades, ingenierías, artesanos, administraciones y disciplinas que cambian la autoría y el calendario del proyecto.
La distribución geográfica —de Níger y Haití a Australia, China, Brasil, México, Ecuador o Mozambique— también cuestiona la idea de que la innovación arquitectónica circula desde pocos centros hacia el resto del mundo.
Algunos estudios trabajan con saberes vernáculos; otros con herramientas contemporáneas de cálculo y fabricación. La oposición entre tradición y tecnología pierde utilidad cuando ambas se evalúan por su capacidad de responder a una condición precisa.
En cifras. veinte prácticas, dieciocho países y una selección que abarca proyectos de resiliencia comunitaria, ecología, materialidad, vivienda y transformación cultural.
La lista también revela un cambio profesional. La escala pequeña ya no equivale necesariamente a poca influencia: una oficina puede intervenir en políticas, cadenas de suministro o métodos de construcción sin convertirse en una corporación global.
Lo que todavía no sabemos es cómo sostendrán esa amplitud de trabajo. La investigación y la participación consumen tiempo, mientras los honorarios tradicionales siguen vinculados a obra y superficie.
La selección funciona mejor como pregunta que como canon. ¿Qué capacidades debería reconocer el mercado cuando un arquitecto produce valor antes o después del edificio?
Qué viene ahora. los veinte estudios ganan visibilidad internacional, pero su prueba real seguirá en los proyectos. Será necesario observar qué procesos perduran, cuáles pueden crecer y cómo evitan que la innovación social se convierta solo en relato.
El conjunto deja una conclusión clara: ampliar la agencia de la arquitectura no significa prometer que puede resolverlo todo. Significa reconocer con precisión dónde puede actuar, con quién y bajo qué responsabilidades.
