El Jardín Circulante de Vicálvaro no funciona solamente como espacio público. Es también laboratorio, aula exterior, refugio climático y lugar de trabajo inclusivo.
Los gabiones contienen residuos de demolición. El pavimento incorpora neumáticos triturados y vidrio. El mobiliario utiliza plástico reciclado; parte de la sombra procede de antiguas velas y las estructuras recurren a acero recuperado.
Una cisterna almacena la lluvia para riego por goteo. El sistema registra el comportamiento de la vegetación durante episodios de estrés hídrico.
Una cubierta agrovoltaica combina cultivos y paneles solares: las plantas reciben protección, mientras la vegetación ayuda a limitar el sobrecalentamiento de los paneles.
PublicidadARQUITHEAArquitectura para mirar mejorIdeas, obras y herramientas para entender la ciudad desde preguntas reales.Sigue @arquithea_ ↗La Fundación Juan XXIII gestiona y mantiene el jardín empleando a personas en situaciones de vulnerabilidad psicosocial.
El valor del proyecto reside en combinar capas que suelen separarse: residuo, clima, biodiversidad, empleo y educación. Una solución circular convence cuando no se limita a exhibir materiales reciclados, sino que produce confort y conocimiento comprobable.
El dato. gaSSz arquitectos ha construido en Vicálvaro un jardín experimental de 2.400 metros cuadrados mediante materiales recuperados, captación de lluvia, vegetación y producción solar.
¿Qué cambia realmente para la arquitectura y la ciudad?
el jardín no oculta los residuos de Madrid. Los convierte en infraestructura climática.
Crédito de imagen: Jardín Circulante del CIEC, fotografía de Emilio Parra Doiztua. Archivo original publicado a 2.000 × 1.331 px.

