La arquitectura costera somete la madera a humedad, aire salino, radiación solar, tormentas y ciclos repetidos de mojado y secado.

La durabilidad natural o modificada reduce el riesgo de pudrición, pero no basta si las piezas cambian excesivamente de dimensión.

La estabilidad controla movimientos que abren juntas, deforman carpinterías o rompen acabados bajo exposiciones recurrentes.

Aleros, cámaras ventiladas, drenajes y encuentros que evitan retener agua son tan importantes como la especie o el tratamiento elegido.

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La conclusión es práctica: seleccionar madera para la costa exige diseñar un sistema completo de material, detalle, mantenimiento y vida útil.