House on the Hill transforma una antigua casa de viticultores de 140 metros cuadrados en Langegg. Gangoly & Kristiner conserva la atmósfera rural y organiza nuevas secuencias mediante colores apagados, madera, lino y piezas hechas a medida.
La cocina incorpora una bóveda de ladrillo existente; dormitorios y baños se resuelven con panelados, nichos de piedra y frentes lacados acanalados. El proyecto hace del oficio el puente entre lo heredado y lo contemporáneo.
La intervención evita el blanco neutro y trabaja con pequeñas variaciones cromáticas. El resultado muestra que rehabilitar también puede significar intensificar carácter, no solo limpiar y homogeneizar.
