El arquitecto Gary Chang convirtió el apartamento de Hong Kong donde vivió desde los catorce años en un interior capaz de asumir hasta 24 configuraciones dentro de 32 m².

El sistema, completado en 2007 y revisitado esta semana, utiliza rieles en el techo y grandes módulos móviles de almacenamiento. Según su posición aparecen cocina, dormitorio, comedor, estudio, cine o zona de baño.

Una cama hidráulica desciende cuando se necesita; paneles de aluminio en forma de panal reflejan luz; y una lámina amarilla en la fachada convierte la ventana en pantalla luminosa.

La transformación no crea metros nuevos. Evita que cada función reserve superficie durante todo el día y obliga a guardar, mover y decidir. La flexibilidad depende tanto del mecanismo como de los hábitos de quien vive allí.

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La lección para la vivienda compacta es precisa: una habitación vale por el tiempo que se utiliza, pero toda movilidad necesita tolerancias, mantenimiento y un lugar para aquello que no desaparece al cerrar un panel.