Design Museum Gent reabrió el 3 de octubre tras cuatro años de obras. Carmody Groarke y ATAMA proyectaron la nueva ala; RE-ST restauró un conjunto formado por el Hotel de Coninck del siglo XVIII, la Casa Leten y una ampliación de 1992.
El problema no era sumar una sala, sino transformar edificios de épocas distintas en un museo legible. La ampliación los cose mediante un recorrido continuo y devuelve al patio interior su papel de jardín y centro de orientación.
La ruta se divide en seis zonas: manejo de obras, recepción y tienda, foro, taller, vitrina temporal y un espacio de eventos en la cuarta planta con vistas sobre Gante.
La fachada utiliza Gent Waste Brick, ladrillo curado con cal y fabricado a partir de residuos municipales. Se produjeron localmente más de 82.000 unidades cuyas dimensiones dialogan con el edificio histórico.
PublicidadARQUITHEAArquitectura para mirar mejorIdeas, obras y herramientas para entender la ciudad desde preguntas reales.Sigue @arquithea_ ↗La clave es que el museo expone también su funcionamiento. Hacer visible la manipulación de la colección rompe la separación habitual entre sala pública y trabajo técnico.
El proceso incorporó DE40, un panel de cuarenta residentes que preguntó si el museo podía ser relevante para personas sin formación previa en diseño. De ahí surgió la idea de un tercer lugar para reunirse, aprender y producir.
Por qué importa. rehabilitar dentro de un centro protegido exige equilibrar conservación, accesibilidad y cambio. La nueva ala asume el trabajo invisible de conectar las piezas sin sustituirlas.
La arquitectura ofrece espacios adaptables y jardín; la accesibilidad cultural dependerá de horarios, precios y mediación. El edificio abre la posibilidad, pero la programación tendrá que sostenerla.
