Bigert & Bergström diseñaron Crystal Sauna como pieza central de WasteLand, un parque construido sobre un antiguo suelo industrial contaminado en Ursviken, dentro del municipio sueco de Skellefteå. La recuperación ambiental necesitó diecisiete años.

La sauna es una escultura utilizable. Su volumen se forma con 280 prismas y más de 140 láminas de acero inoxidable con acabado espejo y titanio, unidas mediante unas 3.500 tuercas y tornillos.

En el interior, madera certificada y superficies resistentes al agua rodean una estufa alimentada por una batería de unos 700 kilogramos. El espacio admite entre doce y quince personas y extiende el ritual nórdico hacia el parque público.

La superficie facetada multiplica cielo, agua y visitantes y cambia según la luz. Esa espectacularidad tiene sentido porque marca un proceso material invisible: excavar, tratar y vigilar un suelo que antes no podía sostener uso cotidiano.

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El proyecto no convierte la contaminación en una imagen romántica. Funciona como recordatorio de que la regeneración urbana necesita largos periodos de diagnóstico, remediación y mantenimiento antes de que una nueva arquitectura pueda presentarse como comienzo.