Casa Noor, de Marcos Lula, parte de la vida cotidiana de una familia multigeneracional. La vivienda de 520 m² prioriza reuniones informales y una conexión directa con el entorno.
Referencias al modernismo brasileño aparecen en la continuidad espacial, la protección solar y la relación entre estructura, patio y jardín, sin convertir el proyecto en una cita literal.
La accesibilidad se integra en la organización desde el inicio. Los recorridos y transiciones evitan que comodidad y autonomía dependan de adaptaciones posteriores.
El resultado combina zonas colectivas amplias con ámbitos de retiro. La casa se mide menos por un gesto formal único que por la posibilidad de que generaciones distintas compartan el día sin ocuparlo de la misma manera.
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