The Fig Tree House parte de una higuera centenaria, el desnivel entre calle y jardín y la escala modesta de las construcciones vecinas.

Comas-Pont evita tratar el árbol como objeto decorativo. La planta y los recorridos lo convierten en referencia cotidiana entre interior y exterior.

La casa demuestra que conservar una preexistencia viva puede ordenar sección, luz y distancia, no limitarse a dejar un círculo libre alrededor del tronco.