Alpamyr ocupa la última parcela construida antes de un humedal elevado en Amden. sandro durrer reduce la altura para integrar 300 m² sin competir con la amplitud del paisaje.
Dos unidades autónomas permiten convivencia intergeneracional con distintos grados de independencia. Las aberturas se colocan para enmarcar vistas y ofrecer contacto sin perder refugio.
La envolvente utiliza abeto aserrado y teñido de oscuro. Una bomba de calor y una instalación fotovoltaica apoyan el estándar energético Minergie.
La casa propone una respuesta concreta al cambio familiar: compartir proximidad no obliga a eliminar autonomía, y la arquitectura puede facilitar ambas condiciones.
PublicidadARQUITHEAArquitectura para mirar mejorIdeas, obras y herramientas para entender la ciudad desde preguntas reales.Sigue @arquithea_ ↗