El aire acondicionado permitió que grandes complejos asiáticos ofrecieran una continuidad interior ajena al calor y la humedad de la calle.
Esa comodidad reorganizó recorridos peatonales, consumo y encuentro dentro de espacios privados.
Cuanto más hostil se vuelve el exterior, mayor es la dependencia de recintos refrigerados y su consumo energético.
La adaptación debe recuperar sombra, ventilación, vegetación y continuidad peatonal para evitar sustituir la ciudad pública por interiores comerciales.
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